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XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A


COMENTARIO INICIAL 

Hermanos y hermanas, sean todos bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario.
Hoy la Palabra de Dios nos invita a revisar nuestra respuesta a su llamada. No basta con decir que queremos seguir al Señor; estamos llamados a demostrarlo con nuestra vida y nuestras obras. Dispongámonos a celebrar este encuentro con Dios.

COMENTARIO A LAS LECTURAS

La Palabra de Dios nos invita hoy a revisar nuestra respuesta al Señor. Ezequiel nos habla de la conversión y del camino hacia la vida; san Pablo nos presenta a Cristo como modelo de humildad y entrega, y en el Evangelio Jesús nos recuerda, mediante la parábola de los dos hijos, que nuestra respuesta a Dios se manifiesta también en nuestras obras. Escuchemos con atención.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presidente: Hermanos y hermanas, confiando en la misericordia de Dios, que siempre nos llama a volver a sus caminos, presentemos nuestras súplicas diciendo:

R/. Por tu misericordia, escúchanos.

  1. Por la Iglesia, para que, guiada por el Espíritu Santo, permanezca fiel al Evangelio y sea testimonio de la misericordia de Dios en medio del mundo. Oremos al Señor.
  2. Por el papa León XIV, los obispos, sacerdotes y todos los ministros de la Iglesia, para que, siguiendo el ejemplo de Cristo, vivan su misión con humildad, entrega y espíritu de servicio. Oremos al Señor.
  3. Por quienes tienen responsabilidades en el gobierno de los pueblos, para que actúen con justicia, honestidad y buscando siempre el bien de las comunidades que les han sido confiadas. Oremos al Señor.
  4. Por quienes atraviesan momentos de dolor, enfermedad, pobreza o dificultad, para que encuentren en Dios fortaleza y en quienes los rodean apoyo y esperanza. Oremos al Señor.
  5. Por nosotros, que hemos escuchado hoy la llamada del Señor, para que aprendamos a responderle no solo con nuestras palabras, sino también con una vida comprometida con el Evangelio. Oremos al Señor.
Presidente: Padre misericordioso, tú conoces nuestros corazones y nos llamas continuamente a caminar por tus caminos. Escucha las súplicas que te presentamos y ayúdanos a vivir con fidelidad nuestra fe, poniéndola en práctica cada día. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.


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